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UN DÍA EN NORLEÑA

Por Óscar Amador Vicente

 

A day in a life. El tema que cierra Sgt. Pepper's...

No ha sido un día. Sumando horas han sido casi dos, pero eso es lo de menos. El tiempo es un ente caprichoso que se estira o se encoge según le place.

Decir que estoy cansado es decir poco. Y es que este viaje a Santander ha sido una pequeña vida.

El viaje de ida, junto a Jesús Barrio e Isabel Cañelles, dos animales literarios de primera, fue la excusa perfecta para protagonizar entre los tres una pequeña "road movie", personal e intransferible, sazonada de cine, intraliteratura y desapariciones inquietantes. Dejamos atrás el sol y llegamos a una Cantabria cubierta de bruma, nublada, ¿sería el velo de ficción con que Jesús Barrio reconstruye la realidad? Durante un tiempo (no sé cuánto ni cuánto no) Santander fue Norleña, la ciudad-universo del mundo Jesús Barrio. Todo era "Lo que no está". Pero lo que no está estuvo. Asi lo atestiguó el montaje en el escaparate de Librería Estvdio Santander Cantabria, una de esas librerías en las que puedo dar vueltas durante horas y divagar de estante en estante, o los anuncios del interior: "Presentación de Lo que no está, Editorial RELEE, del autor cantabro Jesús Barrio, 19:30", o las sillas vacías que, hoy que usted me pregunta, le diré que se fueron llenando poco a poco hasta completar aforo. Todo estaba.

Comenzó la presentación Isabel Cañelles. Después fue mi turno, en virtud de esa condición de "presentado por..." por la cual aporté esa mi visión personal. Y fue como por ensalmo que al pronunciar Frankenstein un enorme trueno, sin duda obra de ese Santander-Norleña, se unió a mi exposición, trueno quizá reflejo de aquel que dio vida a la criatura de Victor Frankenstein, y que unía dos ficciones separadas en el tiempo, la de Mary Shelley y la de Jesús Barrio. Y entre truenos terminé, para dar paso a lo que importaba. A quién de verdad importaba.

¿Y qué más?

Pues una tarde que se alargó hasta hacerse noche, en la que descubrí que los que me parecían unos desconocidos eran en realidad unos amigos en espera; Manu, Edgar, Leticia, Sergio, Andrés, Germán... y entre cañas diseccionamos, aún más, Lo que no está, y la noche iba menguando en día cuando ya la resistencia física se agotó y se hizo necesario engañar al cuerpo con unas horas de sueño, una pequeña recarga para despertar y encontrar una mañana cubierta, brumosa (gracias Norleña), en la que conocí un rincón medieval, blasones y escudos heráldicos aquí y allá, edificios de piedra caliza, un recuerdo tangible del pasado, cuna de ese 9 eterno que volaba más que saltaba para rematar balones aéreos. Después, desde una privilegiada loma que se convertía en precipicio, en el más absoluto silencio tan solo adornado por el batir de las olas allá abajo, vi por mí mismo esa línea de costa que se extendía a derecha e izquierda dónde al frente, al otro lado del mar, estarían las inglaterras. Allí descubrí también que las vacas pueden soñar con pastores eléctricos.

¿Más?

Una familia que me recibió como si fuese un miembro de ella, como si siempre hubiese estado allí, que me abrió las puertas de su casa en la que me sentí como en la mía, y me incluyó sin reservas y con mucho afecto. Una familia que no se despidió de mí con un adiós sino con un hasta luego. Y con todo esto nos encontramos en el sábado por la tarde, en la antesala del viaje de regreso.

Pero quedaba más...

La carretera nos alejaba del mar. Rage Against The Machine dio paso a Tool, y en algún momento entramos en un carrusel de universos alternativos, últimos influjos de Norleña seguro: en uno los jugadores de fútbol se metamorfoseaban ante nuestros ojos en la pantalla de televisión; en otro la retramisión radifónica de la Final de la Copa del Rey tomaba tintes Vonnegutianos, en otro se señalizaban puntos de encuentro para humanoides en los arcenes (sí amigos del misterio, nosotros lo vimos). En medio de la noche los kilómetros parecían no pasar. Cuando llegamos a ese túnel del puerto de Somosierra todo era una realidad distorsionada. El resto del viaje fue delirante ¿Qué era eso que decía ser Cosmin Contra y nos hablaba desde la radio? De algún modo, tanto jugar con la ficción hizo que la ficción jugase con nosotros; dos locos metidos en un coche en medio de un trayecto extravagante. Por suerte no vimos ningún Km 32.
Cuatro torres luminosas innecesariamente altas nos devolveron a lo real. MADRID. Adiós, Norleña (¿o hasta luego?). Cansancio, pero no físico, que también, sino emocional; mucho bueno muy seguido, no estoy acostumbrado.

Ha sido un día, sumando horas casi dos, pero el tiempo es un ente caprichoso que se estira o se encoge según le place. A day in a life se había convertido en A life in a day.

Gracias Jesús Barrio y RELEE por esta pequeña vida.

imagen: wikipedia

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