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Un transterrado: Sobre Juan A. Ortega y Medina (I)

En torno a la Reforma.

Juan A. Ortega y Medina (Málaga 1913- México D. F. 1992) encarnó durante su vida el concepto de “transtierro” que acuñó José Gaos. Así, hablamos de un intelectual que, exiliado a causa de la Guerra Civil Española (luchó en el bando republicano, alcanzando el grado de capitán y quedando gravemente malherido en la contienda), hizo fortuna en el Instituto de Investigaciones Histórcas de la UNAM hasta el día de su muerte. En dicho centro debatió y compartió experiencias con algunos de los mayores hitos del pensamiento mexicano, desde Leopoldo Zea hasta Edmundo O’Gorman. Sus Obras están siendo editadas por dos discípulas, María Cristina González  Ortiz y Alicia Mayer (México DF: UNAM, 2013 ss.); aunque ya han visto la luz cuatro de los siete volúmenes que se prevén, en las siguientes líneas recorreremos sólo los dos primeros; queden el tres y el cuatro para otro artículo.

Ortega y Medina fue un historiador a la antigua usanza: además de conocer perfectamente las fuentes primarias y secundarias respecto a sus objetos de estudio, manejó también con soltura la obra de poetas y pensadores de toda índole, con particular preferencia por los del mundo germánico (Leibniz, Kant y por supuesto Marx; pero también Ranke, Schiller o Humboldt) e hispánico (muy a comienzos de los años treinta fue discípulo de Ortega y Gasset en la Universidad Central de Madrid).

Si tuviéramos que cometer la injusticia de acotar el interés investigador de este intelectual total, deberíamos poner el punto de partida en su tesina de maestría: Reforma y modernidad. En esta obrita se ponen los cimientos básicos de su investigación posterior, pues en ella contrasta la cosmovisión típicamente hispánica (focalizada en Carlos I) con la novedad y trascendencia histórica de la ruptura protestante.

La segunda obra más importante de este autor lleva por título El conflicto anglo-español por el dominio oceánico. Siglos xvi y xviii. En ella se continúa el itinerario intelectual que arrancó con Reforma y modernidad. Así, el lector se enfrenta a un volumen ágilmente escrito en el que se analiza la lucha por el dominio de los mares entre las dos grandes potencias de los siglos indicados. Este análisis se lleva a cabo en diversos planos: por una parte, se contrastan las visiones respecto del mar de unos y de otros, siendo sumamente relevante la situación insular para la forja de la visión inglesa; por otro, y esto es lo decisivo, se vinculan religión y empresa, de modo que la concepción protestante (luterana, calvinista, puritana o estrictamente anglicana) sobre el modo de proceder respecto a América encuentra su correlato en una apuesta regia por favorecer la empresa privada; el catolicismo hispano, por su parte, implica una vinculación monopólica Iglesia-monarquía. La manifestación artística más conocida de este contraste la encontramos en los personajes literarios que caracterizan ambos mundos en este periodo: frente al Robinson activo de los ingleses, España sólo puede ofrecer un Andrenio, personaje central de El criticón. Cabe notar que, para culminar el desastre, el estudio incluye también un muestrario de las erróneas decisiones que tomara Felipe II, sólo inteligibles desde la óptica religiosa que sustenta el “defendella e non enmendalla”.

Ocurre de hecho que, allende el mar, encuéntrase América. Al modo en que el mundo anglosajón concibió y conquistó esta región de la tierra va dedicada la obra cumbre de Ortega y Medina: La evangelización puritana en Norteamérica. Delendi sunt indi. Este estudio, prologado por Zea, es un recorrido histórico según el cual, tras la primigenia admiración que en el colono inglés producen el nuevo continente y sus moradores, se llega al exterminio total del indio y la apropiación de la tierra (la leyenda negra que sobre la conquista hispana se vertió, en cambio, se quiebra: personajes como Bartolomé de las Casas o los bautismos en masa típicamente franciscanos han de ser mencionados junto al expolio y la matanza).

Lo singular de la investigación de Ortega y Medina radica en que estudia la justificación que los novoingleses ofrecieron (y se ofrecieron a sí mismos) para proceder como lo hicieron. Así, estamos ante una justificación de carácter teológico –que puede ponerse claramente en relación con las argumentaciones de Locke sobre el derecho a dominar la tierra en base a la explotación adecuada de la misma-: los indios pasaron a considerarse como seres diabólicos e irredentos que, alejados de la búsqueda del rendimiento agrario, daban signos de una predestinada condenación. Las tesis de Max Weber laten en todo el volumen, aunque se ven ampliadas de manera notoria.

Cabría hacerse una pregunta: ¿por qué este interés de un mexicano de adopción sobre este pasaje singular de la historia, el de la colonización de Norteamérica? Para responder a ello hay que acudir a Destino manifiesto. Sus razones históricas y su raíz teológica. En esta obra, Ortega y Medina detecta un hecho muy significativo: que la sociedad estadounidense ha heredado de la inglesa un rasgo típicamente judaico, el sentimiento de ser el pueblo elegido que ha de propagar la buena nueva de su Dios victorioso. Visto desde el siglo xx, como hace nuestro protagonista, este expansionismo no era meramente bélico-geográfico, sino cultural. Su propuesta, entonces, es formar una nueva historiografía propiamente latinoamericana sobre el continente que se enfrentase a la academia y el proceder yanqui (hasta entonces, sólo la escuela latinoamericanista soviética, de marcado sesgo marxista, tenía algo que ofrecer; véase del mismo autor Historiografía soviética iberoamericanista (1945-1960), no incluida en los primeros cuatro volúmenes de las Obras). En relación con ello puede ponerse lo que nuestro autor denomina «monroísmo arqueológico», esto es, la apropiación que los Estados Unidos hicieron del arte maya para tener un arte “clásico” y “antiguo” que tapase una grave carencia histórica de la nación: su americanidad insuficiente. Por otra parte, si vemos la cuestión desde el siglo xxi, su actualidad es, secularización mediante, indudable: donde antes se extendía la guerra bajo el pretexto de la conversión, hoy la verde sombra del dólar se cobija bajo la bandera de “la defensa de la libertad en el mundo”.

 

Para saber más:

  • Juan A. Ortega y Medina, Obras, México DF: UNAM, 2013-2015 (4 vols. Publicados).
  • María Cristina González Ortiz, Juan A. Ortega y Medina. Entre Andrenios y Robinsones, México, Instituto Nacional de Historia y Antropología, 2005.
  • Eugenia Meyer, Espíritu y vida en claro. El quehacer histórico de Juan A. Ortega y Medina, México DF: UNAM, 2007.
  • Rodolfo Gutiérrez Simón, «De Andrenios y Robinsones: Crítica de una leyenda (negra)», en Res publica. Revista de Historia de las Ideas Políticas, vol. 18, número 2 (2015), pp. 469-485 (disponible gratuitamente on-line: https://revistas.ucm.es/index.php/RPUB/article/view/51264/47572).

(Imagen del archivo de Mariola Rosario)

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