img_0364

Juan Pinilla, el arqueólogo del cante

El pasado viernes 17 de febrero tuvimos el honor de disfrutar y grabar la actuación de un artista singular, una rara avis dentro del flamenco, el granadino Juan Pinilla. Juan, al contrario de lo que asevera Rancapino (“el flamenco se escribe con faltas de ortografía”), es un cantaor y compositor culto, universitario, escritor, periodista, comprometido, profundo conocedor de los cantes, curtido en las peñas flamencas y defensor de las mismas. Fue nominado a los Grammy latinos por un disco con el poeta Fernando Valverde. Hace poco se atrevió a versionar temas de los Clash… ¡encajados al flamenco! No es la primera vez que se lanza con estas extravagancias. Pinilla ha llevado al flamenco a Nietzsche, a Groucho Marx y al Che Guevara.

Esto no hace que su ego le impida seguir firme con sus principios. Y restregándose en los mismos lugares y con la misma gente que, de alguna manera, forman parte de quién es su persona.

La noche del viernes el artista de Huétor-Tájar desplegó un alarde de sabiduría inusual en los músicos. Adentrándose en cantes ya casi perdidos, los desgranó, argumentando su origen y rescató letras que pocos aficionados sabíamos de su existencia.

Así pues abre el concierto por jaberas, cante que difícilmente escucharemos en un festival flamenco al uso (jaberas viene de haberas, las mujeres encargadas de manejarse con las habas). Las jaberas derivan de la familia del fandango. Continúa por caña, llena de color, y tonalidades, tanto vocales como las esculpidas por David Caro, el tocaor almeriense que suele acompañarle. De la caña, cante de compás, salta a los aires mineros, cantes libres, rememorando las volutas y tesituras vocales de Marchena y Valderrama.

Dentro de estos aires mineros, se pasea por Murcianas, recogiendo algunos cantes del Cojo de Málaga, abriendo un catálogo insospechado de cantes varios avezados por estos aires. Sigue por levanticas, también del Cojo de Málaga, algunos de estos cantes rescatados por Esperanza Fernández.

Remata las mineras por tarantos, el palo almeriense, con letra dedicada a la labor de la peña El Morato. Hace referencia a los trovos (poetas de la improvisación oriundos de las Alpujarras granadinas y almerienses), que descienden a Gádor y a sierra Almagreda a principios del siglo XX a buscarse la vida en la minería y dejando su impronta en los cantes de estos lugares.

Con el público embriagado, en el bolsillo, cambia completamente de tercio, de cante, y va hacia Cádiz. Por alegrías brinda un homenaje espectacular al gran Chano Lobato.

Y por seguiriyas (“Reniego yo de mi sino”) de Tomás Pavón, de Antonio Mairena y de El Chocolate (después) cierra la primera parte del concierto, con el público en pie fundido en una ovación espectacular, entregado a una catarsis colectiva, abrazos y oles, que apenas dejan salir del recinto al artista para disfrutar del descanso.

La segunda parte, por difícil que pareciera, sigue creciendo. Pinilla rebosa seguridad, ingenio, sosiego, didacticismo, abre por farrucas, para placer de los asistentes. La farruca es otro palo lamentablemente arrinconado y que difícilmente se puede escuchar en festivales, o en otro lugar que no sea realmente una peña flamenca (sepa el lector neófito al flamenco, que la farruca es uno de los palos más jóvenes, de probable origen gallego astur).

Continúa por Málaga: “que te quise con locura yo en mi ‘via’ negaré, mira que cariño fue que siento la calentura que tuve por tu querer”, letra por malagueñas de Cayetano Muriel, Niño de Cabra (1870-1947) y Malagueña del Canario. Y mete letra hablando de Villagarcía, Almería. Continúa por malagueñas del Niño la Isla.

Sigue por soleá por bulerías, invocando a Tomás Pavón y a la Niña de los Peines, hablando de la importancia de escuchar y estudiar a los antiguos.

Presenciamos en vivo una auténtica arqueología y antología del cante.

Hace un recorrido impensable, ordenado y metódico por fandangos, iniciando el viaje desde Almería, fandangos de Almería y del Niño la Rivera. Una soberbia deconstrucción del viaje, si tuviéramos que hacer una metáfora de la gastronomía actual.

“Cuando salía a cortar las uvas por año nuevo”. De Manolo el Ruso. Fandango abandolao de Málaga, al sur de las Alpujarras, por la zona de la Axarquía.

Fandango de Paquillo el del gas. Vira a jabegotes.

Continua por fandango de Pérez de Guzmán por Pepe Sorroche: “Y conmigo las caricias, amores tienes con otros, y conmigo las caricias. Si te quieres divertir cómprate una guitarra y no te acuerdes de mí”.

Y como no, fandango de Lorca/Morente (Virgin, 1998): “la esposa triste se bañaba en el río de la sierra. Por el cuerpo le subían los caracoles del agua, la arena de la orilla”.

Fandangos de Lucena: “en criticar y murmurar el tiempo que las gastao, mejor lo fueras empleao en blanquear tu fachá que sucia te la han dejao”.

“Que se mea en el perejil

en mi casa tengo un gato

cada vez que estoy borracho

me echan la culpa a mí

como lo pille lo mato”.

Y de los Huétor: “la rosa que te trají

si no te la fuera traío

no te la fueras ponío”.

pinilla-dav-delgado

Autor de la foto: Peña El Morato. David Delgado al toque, Juan Pinilla, Baldomero Cortés, José Villodres.

Cierra con fin de fiesta por bulerías. Se suman artistas locales de primera línea: David Delgado “Niño la fragua” al toque, José y Daniel Muro, Baldomero Cortés al los cantes.

pinilla-dv-delgado-baldomero-jose-villodres

Autor foto: Peña El Morato.

Bailaron casi todos!!!

Y acaba homenajeando a Enrique Morente, “Borracho de amor”.

En ocasiones como esta, nuestro oficio de periodista vuelve a cobrar sentido. Así lo vivimos quienes asistimos a su actuación en la peña flamenca El Morato (Almería).

Share

Leave a reply