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LORENZO SILVA Y EL JUEZ COMO HÉROE LITERARIO

 

A Lorenzo Silva, autor de La flaqueza del bolchevique y La marca del meridiano entre otras obras, se le atribuye el mérito de idear la pareja literaria de guardias civiles más famosa del panorama de ficción español: Belivacqua y Chamorro, protagonistas de muchas novelas y, en parte, auténtica revalorización del cuerpo. Además, nos agracia con interesantes y sugerentes charlas como la ofrecida este pasado jueves 14 de julio en el encuentro Justicia,literatura,cine y periodismo organizado porJueces por la Democracia dentro de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo con sede en Santander.

“El juez como héroe literario: caminos de un desenlace insospechado” fue el título de su ponencia, donde el autor expone ideas y reflexiones fruto de su propio ejercicio de la abogacía -12 años antes de dedicarse a la escritura-y su largo recorrido en la novela policíaca. Silva constata que la figura del juez está mucho menos explotada en el cine y literatura del sistema español frente al americano, aunque ha habido cambios y cierta mejoría en la percepción social y por tanto también en la ficción literaria en los últimos 6 o 7 años. Esto tiene que ver con dos ámbitos: el de la jurisdicción penal por la función que los jueces ejercen contra la corrupción y en el ámbito de la jurisdicción mercantil, por la protección hacia el consumidor, aunque queda ahora mismo cierta desprotección legal en el ámbito digital señala. Pero todo ello implica que la gente percibe más la presencia de la justicia y eso es algo bueno para el arte y la literatura, que es donde muchas veces encontramos el mayor enfrentamiento y rebeldía contra el poder. De alguna manera, la capacidad de identificar al juez como la persona que contrapone el poder abre el camino de la ficción literaria, concluye.

El escritor nos habla además de las dificultades del juez en la ficción literaria. Partimos de una premisa inicial sugerida ya en los evangelios ( Mateo capítulo VII)  No juzguéis, para que no seáis juzgados que muestra cierto rechazo al que juzga, porque además tras su figura se encuentran las normas de pacto legislativa. Añadimos el autoritarismo del juez y su capacidad para enjuiciar comportamientos ajenos con consecuencias graves y ajenas en muchas ocasiones. Y por último, la barrera de lenguaje jurídico, farragoso y lejano, dificulta al novelista la comunicación del personaje con el lector. Ahora bien, para Lorenzo Silva el juez siempre fue un personaje de sus novelas, siempre estuvo ahí porque la verosimilitud que condiciona y casi obliga en el caso de la novela negra y policíaca hace que sea poco verosímil, poco creíble que un investigador no tenga en cuenta al juez de instrucción.

Son muchas más las ideas interesantes de las que habla en su charla: desde el reconocimiento de la influencia social limitada de la literatura  -nada tiene que hacer contra las teleseries o películas actualmente-, o la necesidad de un estado de derecho que sustente y posibilite la existencia de un juez con capacidad real de actuación-que aunque parezca una obviedad no lo es y muchos casos, nuestra propia Guerra Civil así lo demuestra. La ponencia es magnífica en forma, ritmo y contenidos, pero motivada por la cercanía física con el escritor, quien escucha la siguiente charla a dos metros de mí y consciente de que  siempre se saca mucho partido de los "one to one"  al finalizar la charla me atrevo a conversar directamente con el autor.

Cercano y amable, el escritor se prestó a contestar una serie de preguntas en la entrevista más improvisada e imprevista que pudiéramos imaginar. Él, a punto de dejar abandonar las caballerizas de la UIMP para marcharse de la ciudad , y yo -periodista aprendiz-con una serie de preguntas espontáneas que acababa de elaborar. No pienso perder la oportunidad, me digo para mis adentros y de ahí saco el valor para curiosear. Pese a mis temores, Lorenzo Silva no decepciona, ya que es de esos escritores cercanos y serenos a los que siempre da gusto escuchar y de los que siempre tienes algo que aprender. Sucede lo mismo que con la buena literatura. Le pregunto entonces cuánto hay de sí mismo en las voces narrativas de sus novelas y me aclara que hay muchas voces y casi todas le son ajenas, al fin y al cabo es una habilidad intrínseca al oficio. De lo que le resulta más difícil desprenderse es de su mirada, que contamina todo aquello que escribe y muchas veces todo aquello que narra. Indago después sobre el conflicto realidad/ ficción que acompaña siempre al novelista y el autor nos confirma ceder ante el anhelo de ficción, o mejor dicho, ante la literatura que busca trascender la realidad a partir de la ficción, aunque ésta siempre mire a la realidad. Me comenta que cuando comienza una novela normalmente conoce ya el final y que los pilares sobre los que construye su obra son principalmente los personajes y el conflicto, aunque con significado y con investigación más o menos rigurosa según el carácter de la novela. Para acabar le lanzo mi última pregunta, esa de la que estoy más orgullosa y le interrogó sobre la justicia poética, quiero saber si cree que existe en la literatura y en la propia vida. Lorenzo Silva me sonríe y confiesa que sí cree- aunque más en la literatura que en la vida- en esa capacidad para que cada uno encuentre lo que se merece. Yo la verdad me quedo pensando que en ocasiones la vida nos ofrece alguna tregua y también nos muestra su propia justicia.

 

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