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REALIDAD VIRTUAL

Hoy he probado un equipo de realidad virtual: no había sentido un vértigo semejante en años; un vértigo provocado, entre otras cosas por una repentina comprensión de que pocos de los temas de reflexión que se discuten en este y otros foros tendrán sentido en unas décadas, quizá en unos años; hoy he terminado de comprender que los avances tecnológicos van a cambiar de tal manera el mundo que casi todo lo que ahora nos ocupa será fútil en poco tiempo.

El problema no está en la sostenibilidad del modelo, porque el modelo no solo esta cambiando, es que pronto no existirá. El verdadero problema no es si más o menos Democracia, o si el estado de bienestar es o no sostenible. El problema no es intervencionismo o no intervencionismo, Estado o no Estado, migraciones o fronteras. El verdadero problema es cómo asumimos como sociedad el cambio tecnológico que se avecina.

Arthur C. Clarke, el escritor de ciencia ficción responsable, entre otros títulos, de “2001, una odisea en el espacio”, dijo una vez que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Me considero alguien curioso y relativamente informado de los avances científicos y tecnológicos, y aun así, hasta hoy no he sido consciente de la revolución que llega: una cosa es ver una presentación de una demo o leer un par de artículos y otra muy distinta sentir la magia en acción.

Yo, ingenuo de mí, creía que la realidad virtual era algo parecido a un cine en tres dimensiones interactivo. Las charlas que puedes ver en Internet o las demostraciones en YouTube de los productos que los distintos gigantes tecnológicos llevan años desarrollando muestran un horizonte de infinitas posibilidades, pero no te preparan para la sensación de probar uno de estos productos y darte cuenta de que nada volverá a ser como antes: lo ves, lo sientes, lo oyes. Estás dentro, y aunque sabes que no es real, podría serlo.

Y asusta.

El equipo que yo he probado vale apenas unos miles de euros, la tecnología que lo alimenta se encuentra en pañales, y aun así tu pulso se acelera cuando un dinosaurio salido de la nada corre hacia ti por el pasillo de un museo que solo está en tu cerebro. No puedes evitar agacharte y sentir algo parecido al miedo cuando un Tiranosaurio rex, creado en el ordenador de alguien trabajando en un laboratorio de alguna compañía de Silicon Valley, te acerca su enorme cabeza, que se queda a unos centímetros de la tuya, y suelta un ensordecedor rugido…aún no han conseguido que sintamos su fétido y caliente aliento (ni, gracias a Dios, su mordisco), pero no me cabe duda de que pronto lo harán.

¿Quieres aprender a pilotar un avión? ¿Conducir un bólido de carreras? ¿Cantar frente a miles de fans? ¿Quieres hacer un trasplante de corazón? En unos años podrás hacerlo desde el salón de tu casa, sintiendo la adrenalina, con absoluto realismo. Magia en acción: Matrix.

Y quizá en ese momento no quieras salir de Matrix; puede que no desees trabajar en una aburrida oficina ni pagar impuestos para mantener obsoletas instituciones en el “mundo real”. Aunque también es posible que ya no necesiten tu trabajo; aunque dudo más que no necesiten tus impuestos: seguramente existan mientras exista el ser humano, por no hablar de las grandes posibilidades de control sobre la población y las mayores oportunidades de conseguir una sociedad aborregada y dócil que ofrece la creación de  “mundos virtuales” por parte de ciertas élites.

Las posibilidades son infinitas, no solo a nivel de ocio o entretenimiento, sino profesionales, educativas… ¿Quién quiere, por ejemplo, que un profesor le cuente el rollo al que tan acostumbrados nos tienen en nuestras universidades cuando puedes hacerlo por ti mismo (sea lo que sea) y luego ver si funciona?

Ha sido una suerte de revelación casi mística. A mi me ha llegado a través de la realidad virtual, pero a otro le llegará cuando le digan que se puede curar ya la enfermedad que su hijo no nato va a desarrollar dentro de unos años y que, ya puestos, se puede hacer que ese niño sea más alto, más guapo y más listo con solo hacer un par de retoques en los cromosomas pertinentes…

El modelo social, las instituciones, y por supuesto las leyes, no están preparadas para estos cambios, pero es que ni siquiera se han puesto a pensar en ello; entre otras cosas porque los que gobiernan no tienen ni los conocimientos ni la capacidad para reaccionar ante lo que se avecina. En el congreso español, de 350 diputados, 147 son abogados, 49 economistas, 23 historiadores, 18 politólogos, 16 sociólogos… solo 12 médicos, 8 químicos, 4 biólogos, dos físicos y 13 ingenieros: saben mucho de leyes y dicen saber de economía (quien lo diría) pero no saben nada de Ciencia. Ni les importa.

La tecnología avanza a tal velocidad que nuestros gobernantes, iletrados científicamente, jamás serán capaces de legislar, dirigir o controlar con visión de futuro el cambio de sociedad que se avecina. Los drones, los robots, la realidad virtual y la aumentada, por no mencionar temas mucho más peliagudos como la investigación biológica y genética o el desarrollo de nuevas drogas destinadas a potenciar nuestra mente y modificar nuestros cuerpos, van a suponer para nuestro modelo social un desafío que, francamente, creo que nuestras instituciones, a todos los niveles, tanto nacionales como supranacionales, no están preparadas para afrontar.

La Ciencia, el conocimiento, va a seguir avanzando, porque es imposible de parar, pero no será gracias a nuestros políticos y su falta de miras, solo pendientes de las próximas elecciones y de esquivar el castigo del último caso de corrupción de su partido. Seguirá avanzando porque la curiosidad humana no tiene límites, cualesquiera que sean los peligros que entrañen esos nuevos conocimientos y, por qué no decirlo, porque aunque a unos Gobiernos que siguen recortando en Ciencia para poder pagar trenes de alta velocidad y nacionalizaciones de autopistas de peaje les cueste entenderlo, los avances tecnológicos  y el conocimiento son la fuente de riqueza del futuro.

Por eso no podemos esperar nada de los políticos. El cambio de modelo social vendrá de los gigantes tecnológicos, de las multinacionales farmacéuticas, de las empresas biotecnológicas, y los gobiernos y las instituciones tendrán que aceptar estos cambios como hechos consumados.

No sé cómo será el mundo dentro de unos años. No sé si en ese mundo harán falta médicos, policías o maestros. Lo que tengo claro es que el cambio de modelo social que inevitablemente generarán los avances tecnológicos puede ser el más radical de la historia (como ya nos han demostrado los últimos doscientos años: el ritmo de cambio es exponencial), y mientras ese cambio se acerca inexorablemente, estamos atados de pies y manos por leyes obsoletas, por presupuestos ridículos en investigación, por un modelo educativo en el que la Ciencia se enseña mal o no se enseña y donde se deja que la tecnología la inventen otros… y luego ya veremos.

 

artículo aparecido en http://www.otraspoliticas.com/

imagen: Mariola Rosario

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